Por aquello de que, digan lo que digan los defensores del libre mercado, las cosas son habas contadas y el Planeta es limitado, he decidido juntar mis  artículos de opinión en un blog personal que lleva este nombre: Habas contadas. (Contadas, pero deliciosas habas, porque aunque el Planeta es limitado, también es fértil y suficiente).

En él publicaré los textos que voy dejando en esta página del Grupo de Energía y Dinámica de Sistemas y también otros de carácter más local y menos relacionado con la energía, que he empezando a publicar en el diario digital vallisoletano Último Cero.

Os dejo el primer post publicado en Último Cero: No necesitamos científicos. Espero que os guste.

Marga Mediavilla

No necesitamos científicos

Cuando Miguel de Unamuno escribió la famosa expresión “que inventen ellos” era habitual pensar que la mentalidad española no estaba hecha para la lógica y por eso éramos un país subdesarrollado en materias de ciencia y tecnología. Ahora la situación de la ciencia en España es bastante diferente. En estas décadas, es decir, antes de los recortes, nuestro puesto en el ranking internacional en cuanto a resultados de investigación era similar al de países de nuestro entorno (aunque la inversión pública en I+D era menor); de hecho nuestro puesto en el ranking científico estaba por encima del que teníamos a nivel económico.

Incluso esa percepción de que históricamente hemos sido un país tecnológicamente atrasado, quizá no sea cierta. El profesor Nicolás García Tapia, que ha investigado la historia de la ingeniería española en los siglos XVI y XVII en los documentos del archivo de Simancas, ha descubierto una floreciente generación de ingenieros en la corte castellana. Entre ellos destaca Jerónimo de Ayanz, al que ahora mismo se atribuye la primera patente de una máquina de vapor de la historia (casi un siglo antes de la de Somerset) y mecanismos de realimentación similares al regulador de Watt. Sin embargo, Ayanz fracasa a la hora de difundir sus invenciones. Las intrigas de la corte de Felipe III y la decadencia de la sociedad hacen que los inventos no salgan de sus talleres de la calle de la Cadena en Valladolid y este personaje duerma durante siglos en el olvido más absoluto.

Es la mala política la que hace fracasar a Ayanz, y también es la “mala política” la que trunca la brillante generación de intelectuales españoles de principios de siglo XX. Un siglo después nos volvemos a encontrar con una situación similar. Otra vez la crisis económica, la política mediocre y la corrupción están tirando por la borda los logros de la sociedad.

Nuestros científicos fracasan porque nuestros gobernantes no dejan que sus ideas lleguen a transformar la sociedad. Tenemos buenos científicos pero líderes muy mediocres, partidos con muy pocos militantes, organizaciones sociales débiles y ciudadanos poco dados a asociarse y participar. Quizá deberíamos cuestionarnos, por ejemplo, hasta qué punto tenemos que orientar la educación de nuestros hijos hacia las ciencias y si no sería mejor, incluso para la ciencia, enseñarles a organizarse en el colegio y ser ciudadanos activos.

En realidad, no es que no necesitamos científicos, es que ya los tenemos. Lo que sí nos hace enormemente falta son buenos políticos. Quizá en estos momentos lo más importante que tenemos que hacer es conseguir políticos que sean dignos, tanto de los científicos que ya tenemos, como, en general, de la sociedad que gobiernan.

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