Históricamente el saldo de intercambio eléctrico entre España y Marruecos había sido favorable a España, es decir, exportábamos más energía eléctrica de la que importábamos. Sin embargo, desde finales del año 2018, la situación ha cambiado y el saldo de intercambio eléctrico ha pasado a ser favorable a Marruecos. El desencadenante fue la puesta en marcha en Marruecos de la gran central térmica de carbón de Sufi de 1,4 GW, capaz de cubrir por sí sola una cuarta parte de la demanda marroquí y con unos costes más bajos que los europeos al no estar en el sistema ETS de derechos de emisiones de carbono y, por tanto, no pagar por el CO2 emitido.

El bajo precio de los excedentes eléctricos marroquíes hizo que durante el 2019 el saldo de intercambio fuera favorable a Marruecos. Y aunque el impacto real de estas importaciones es limitado porque el volumen total de electricidad es reducido, este hecho sirve para ejemplarizar cómo las preocupaciones ambientales se quedan en un segundo plano cuando el mercado no se regula de manera apropiada.

La generación eléctrica en Marruecos tiene una intensidad de emisión de carbono que supera a la española en más del triple pero el mercado eléctrico mayorista español, también conocido como pool, se mueve por el precio. Cuando la electricidad es más barata en España, exporta, cuando lo es en otro país, importa. Esto, además de un ahorro en el precio de la electricidad, supone un ahorro en bonos de emisión de carbono nada desdeñable.

Este trasiego de energía “sucia” podría ir a más ya que ambos países están negociando la construcción de una tercera conexión eléctrica de potencia similar a las dos existentes de 700 MW de potencia unitaria. Todo dependerá de a quién de los dos le sea más necesario vender sus excedentes ya que, tanto España como Marruecos, están aumentando y renovando su parque de centrales de generación.

Estas circunstancias no se han tenido en cuenta en el borrador actual del Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) 2021-2030. En este plan, la interconexión eléctrica con Marruecos se considera únicamente como un elemento positivo que permite moderar los precios del mercado interior de electricidad, aunque en realidad podría ser una fuente de beneficios adicionales para las empresas del mercado eléctrico. Este “olvido” se refleja en las hipótesis utilizadas para hacer las proyecciones futuras del sistema energético nacional y sus emisiones. Para la interconexión con Marruecos se ha considerado un saldo neto exportador constante por periodo temporal, calculado como el promedio de los valores reales de los años 2014, 2015, 2016 y 2017, cuando en realidad desde final del año 2018 el saldo es importador. Es términos de emisiones de GHG nacionales, esto reducirá aparentemente nuestras emisiones, pero en realidad las misiones causadas serán mayores, aunque imputables a Marruecos.

Lo que todavía no ha pasado es que la Comisión Europea haya tomado cartas en el asunto imponiendo algún tipo de arancel o la necesidad de comprar derechos de emisión de CO2 al importador o la necesidad de certificados de origen renovable a la electricidad importada, y debería hacer algo porque el problema afecta a todos los países periféricos de la Unión Europea. Según un estudio del “think tank” británico Sandbag no somos los únicos en la Unión Europea (UE) que compran electricidad más intensiva en CO2 más allá de sus fronteras. La electricidad entra en la UE proveniente de países como Rusia, Ucrania, Biolorusia, o Serbia, entre otros, y estos dos últimos años, a medida que el precio de los bonos de CO2 subía, la importación aumentaba, incrementando las emisiones de CO2 debidas al consumo interno de la UE pero contabilizadas a terceros países. Nada, en suma, que no hayamos hecho antes en otros sectores de nuestra economía como el textil, metalurgia, alimentación, etc. pero que debería hacernos reflexionar sobre la implementación real de los planes de descarbonización si queremos ser consecuentes con el objetivo que decimos buscar.

En la UE parece que no existe una política común en materia de descarbonización ya que Alemania no sólo retrasa a 2038 la clausura total de sus plantas de carbón sino que incluso abrirá una nueva central, la central de Datteln-4, en Dortmund, el próximo mes de junio que será alimentada con carbón de importación.

Podemos consolarnos con que en el resto del mundo rico existen peores ejemplos, como Japón que planea la construcción de 22 centrales térmicas en 17 ubicaciones diferentes en los próximos cinco años. Pero esto no da muchas esperanzas a que los planes de descarbonización a nivel mundial vayan a ser implementados ya que los países menos ricos y con unas emisiones históricas de CO2 menores no querrán renunciar a sus centrales térmicas.

Fernando Frechoso y Luis Javier Miguel

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