Mi primera conferencia la di con un amigo (Juan Antonio Aparicio) en Málaga, en 1991. Su título sigue siendo significativo: “Energía para un mundo sostenible”.

En ella argumentábamos que una cuestión clave para la Humanidad era el tema energético y la necesidad urgente de una transición de fósiles y nuclear a la eficiencia, el ahorro y las renovables; ello por cuestiones del lado de los residuos (incluido el cambio climático) y por la necesidad de rellenar la brecha de un mundo enormemente desigual (yo no supe del pico del petróleo hasta 1998). Éramos inexpertos y parecimos radicales,  alarmistas y pesimistas.

En realidad fuimos poco radicales y alarmistas y muy optimistas.

Desde entonces han sido más de 50 charlas y conferencias, cursos, artículos de investigación, tesis doctoral y un largo etcétera de aprendizaje que me ha llevado a seguir pareciendo radical, alarmista y pesimista: porque ya no soy tan inexperto y han pasado ya más de dos décadas sin que mi historia y la de otros miles de científicos y de activistas, hayan cambiado el mundo.

A finales de 1992 se publicó un manifiesto firmado por científicos y promovido por una asociación norteamericana (Union of concern scientists) titulado “Warning to Humanity”. Era un texto más extenso que el recién salido del horno “Última llamada”. Un texto además que proponía “soluciones”, algunas concretas.

Un texto tan radical como el nuestro de ahora pero que firmaron muchos cientos de científicos, entre ellos más de la mitad de los premios Nóbel de ciencia vivos en ese momento.

Como en “Última llamada”, a pesar de Internet, no nos auto-engañemos, fue ignorado por los principales medios de comunicación y, claro, por la sociedad en su conjunto.

No recuerdo cuando leí “Advertencia a la Humanidad”, quizás hace unos 20 años. Desde entonces, en casi todas mis charlas, presento lo que sigue, que es una traducción personal de un par de párrafos suficientemente “alarmistas”, advirtiendo al que me escucha que no se lo va a creer en el fondo:

 Los seres humanos y el mundo natural están en camino de colisión. Las actividades humanas hacen mucho daño, a menudo irreversible, sobre el medio ambiente y sobre fuentes de recursos naturales críticas. Si no se revisan, muchas de nuestras prácticas actuales ponen en riesgo serio el futuro que deseamos para la sociedad humana y los reinos animal y vegetal, y pueden alterar el mundo vivo de tal forma que seamos incapaces de sostener la vida en la manera que la conocemos ahora. Se necesitan urgentemente cambios fundamentales si es que queremos evitar nuestro presente camino de colisión…

No disponemos de más de una o unas pocas décadas para revertir los peligros que ahora tenemos si queremos evitar que el progreso de la humanidad quede enormemente disminuido

Puesto que pasaron ya esa década o unas pocas décadas, en los dos últimos años suelo añadir un párrafo personal:

 Los seres humanos y el mundo natural colisionaron. Ya no se puede sostener la vida en la manera que la conocemos ahora. Dispusimos hace unas décadas de tiempo, pero ahora ya no podemos evitar que el progreso de la humanidad quede enormemente disminuido…

 

Hoy esta redacción es la más coherente y es por ello que podemos concluir que “Última llamada” si peca en realidad de algo es de ser poco alarmista y radical, de ser optimista; lo demás quizás son solo excusas.

Más si tenemos en cuenta cómo reacciona nuestra sociedad, a la que se le pide que reaccione pero que hace oídos sordos (o se la ensordece).

Y es que ese “ya no hay tiempo de evitar que el progreso de la humanidad quede enormemente disminuido” tiene que ver, además de con las inercias biofísicas que tanto discutimos los científicos “preocupados”, con nuestra propia historia de la reacción personal y social ante las advertencias (cambio climático, cáncer y tabaco, CFC y ozono, asbestos y cáncer, plomo en la gasolina, etc.); también hay que saber de esas barreras psíquicas y sociales que la misma cultura que va al desastre ha creado.

Y la parte de este post no “desesperante”: ¿qué entendieron por progreso de la humanidad los científicos de los 90? ¿No será solo “progreso material”? ¿Va a disminuir enormemente el amor, la solidaridad, e incluso la felicidad? ¿Quién es pesimista y alarmista aquí en realidad?

  Carlos de Castro Carranza

 

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